Máster Comunicación Política en la Fundación Ortega y Gasset

El problema no se llama Bolonia

Publicado en ARTÍCULOS por montsefc en Noviembre 23, 2008

Ismael CrespoIsmael Crespo
Doctor en Ciencias Políticas y Sociología (UCM), profesor Titular de Ciencia Política en la Universidad de Murcia y director del Departamento de Comunicación Política e Institucional del IUIOG

Las manifestaciones de estudiantes universitarios a las que asistimos durante la semana pasada en el conjunto del país, incluidas las realizadas en mi Universidad, han sido manejadas por la burocracia universitaria como oposiciones minoritarias al Proceso de Bolonia. Sin embargo, lo que se reclama por parte de los estudiantes no puede considerarse sin más como un simple desacuerdo con los fundamentos del proceso de convergencia europea en materia de educación superior. Hay más argumentos de fondo que los burócratas universitarios ocultan tras comunicados oficiales que no responden al fondo del fenómeno de la movilización juvenil. Lo que existe es un desajuste enorme entre los principios rectores y el espíritu del proceso europeo, y las aplicaciones que del mismo hacen las autoridades universitarias. Éstas nos quieren hacer creer que los estudiantes no comparten los principios de Bolonia, y ocultan que el desacuerdo se produce precisamente en el desarrollo de este proceso en el marco universitario.

La burocracia universitaria, con el consentimiento de un Ministerio enormemente débil e incapaz de asumir el liderazgo necesario, ha manipulado el espíritu de la Declaración de Lisboa en la que se inspiró el Proceso de Bolonia, y obviado la Declaración de Berlín, en especial en los aspectos referidos a la comparabilidad en la adquisición de conocimientos. Un Ministerio sin conducción política y una burocracia universitaria conservadora y por momentos reaccionaria, han convertido la oportunidad de un verdadero cambio de los estudios universitarios en una mera reforma (enésima) de los planes de estudio. Nunca una institución se ha encontrado tan conforme con la máxima de “cambiar todo, para no cambiar nada”. Esta reforma no sólo no está en consonancia con los objetivos de un Espacio Europeo de Educación Superior capaz de competir con los sistemas anglosajones y del este asiático, sino que el contenido de las titulaciones que está fomentando nunca podrá asemejarse, mucho menos competir, con las similares del propio contexto europeo que mejor rendimiento han demostrado estos años.

Y si usted lector cree que este es un artículo más de opinión, y que seguro que las cosas no están tan negras como las pinto, le mostraré algunos ejemplos, anecdóticos, pero suficientemente significativos. Todos los documentos del denominado Proceso de Bolonia apuestan de manera expresa por la necesidad de que los estudiantes universitarios al finalizar su periodo de estudios conozcan al menos dos idiomas de la Unión Europea. También contempla que nuestros estudiantes terminen su proceso de formación habiendo desarrollado las habilidades básicas para su inserción en el mercado laboral, especificando la necesidad de prácticas externas y de elaboración de memorias o trabajos de fin de licenciatura.

Pues bien, hace dos semanas pude asistir a una reunión en mi Universidad en la que unos estudiantes que representaban la opinión de toda una licenciatura, sintieron en carne propia las manipulaciones del Proceso de Bolonia. Reivindicaron la aplicación de las cuestiones señaladas: introducción de seminarios o conferencias en idioma inglés dentro del plan de estudios y ampliación del periodo de prácticas externas y de elaboración del trabajo o memoria de fin de carrera. Ante estas “reivindicaciones” (que me imagino que no entenderán como si fueran propias de un grupo “anti-sistema”), el “establishment” universitario se manifestó contrario. ¿Las razones? El 80% del “establishment” reconoció su incapacidad para impartir algún tipo de docencia en inglés, otros manifestaron que bueno, que no era una lengua tan importante, e incluso alguno se posicionó como que ésta no era labor de la Universidad. Para la segunda de las cuestiones, el “establishment” “apoyó” (como medida de gracia) que las prácticas externas y los trabajos de fin de grado ocuparan el 7,5% de todo el plan formativo, cuando la recomendación “mínima” en las titulaciones europeas de esa rama es del 12,5%. ¿Cómo quieren que no se quejen los estudiantes?

La burocracia universitaria se llena la boca con comunicados que, además de su mala redacción, reclaman para sí -con ampulosidad y solemnidad- la función del servicio público. Pero, ¿alguien les explicó a estos mandarines que narices es el servicio público? Si la sociedad demanda profesionales, que salgan de las universidades, con conocimiento de lenguas y una mínima experiencia profesional, ¿no son ellos, defensores del servicio público, quienes tienen que asegurar que estas demandas de la sociedad serán satisfechas? Para que creen que los ciudadanos invertimos nuestros impuestos, para que ellos sigan haciendo lo que quieren, atendiendo intereses patrimonialistas no sólo contrarios al espíritu del proceso abierto en el conjunto europeo, sino abiertamente contrarios a los fines de la universidad: educar, investigar y formar profesionales. Me apunto a la próxima manifestación.

Publicado en El imparcial

Ismael Crespo en el I Plenario Nacional RAUI

Publicado en NOTICIAS por montsefc en Septiembre 15, 2008

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Universidad Central de Chile
El primer Plenario Nacional de la Red de Administradores de Universidades contó con la participación especial del Dr. En Ciencias Políticas y Sociología, Ismael Crespo, director del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset, quien presentó una visión crítica de las universidades y su capacidad de internacionalización y adaptación a los nuevos tiempos.

“Se da la tremenda paradoja de que es en la Universidad donde más se investiga y se enseña gestión y donde menos se aplica. Puesto que se trata de una organización tremendamente conservadora, reacia a los cambios y que no ha producido ninguna transformación estructural desde el siglo XII”, señaló Ismael Crespo, doctor en Ciencias Políticas y Sociología de la U. Complutense de Madrid y Director del Departamento de Comunicación Política e Institucional del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset.

El experto presentó exposición provocadora acerca de la situación de las universidades en Iberoamérica durante el I Plenario Nacional de Chile RAUI 2008 organizado por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Central en conjunto con el director del comité central internacional RAUI, Reinaldo Cifuentes, quien además es secretario de la facultad de Ciencias Sociales.

El encuentro contó con la participación de representantes de una quincena de Universidades, quienes junto al rector de la Universidad Central, Luis Lucero, la jefa de Educación Superior del Mineduc, Sally Bendersky, el vice presidente de la Comisión nacional de Acreditación, CNA, Emilio Díaz y el director ejecutivo de GEMINES Marketing Research, Guido Romo, analizaron las nuevas perspectivas de la educación superior en Chile.

La calidad es el factor diferencial

Ismael Crespo fue director general de Universidades del Ministerio de Educación de España y estuvo a cargo de la fundación y dirección de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación de la Educación Superior de ese país entre 2002 y 2004, quien comenzó su clase magistral declarando: “Yo partí como un convencido y terminé como un escéptico”.

Y es que el experto tuvo una activa participación en la implantación de sistemas de evaluación de calidad en España con la idea de formar un espacio educativo común europeo que permitiera a los estudiantes cursar sus carreras en distintas universidades y países, y al mismo tiempo facilitara la movilidad de los docentes, permitiendo a las escuelas contar con los mejores expertos e su área sin importar su país de origen otorgando un fuerte impacto en la calidad de la educación superior. Sin embargo, en la práctica, se han mantenido las estructuras burocráticas que dificultan este intercambio, dificultando incluso la llegada de docentes de excelencia extranjeros por los engorrosos trámites administrativos de reconocimiento de título en ese país.

Frente a esto, destaca que “la calidad es el factor diferencial, esencial que determina cómo podemos competir en el contexto internacional. Sólo aquellos programas con mayor competitividad podrán atraer a los mejores estudiantes”.

De esta forma, el director del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset, recomendó a los asistentes, el contar con una oferta académica diferenciadora, con programas de postgrados de excelencia, incrementar la cooperación con universidades iberoamericanas, europeas y norteamericanas, así como el establecimiento de sistemas de distinción para el profesorado que permitan contar con docentes de excelencia.

Al encuentro, asistieron representantes de las universidades Católica de Valparaíso, Adventista de Chile, Católica de la Santísima Concepción, Uniacc, de Las Américas, de Viña del Mar, La Frontera, San Sebastián, de Concepción, de Los Lagos, Mayor.

Entre otros analizaron casos de posicionamiento y estrategias de marketing, los cuales fueron apoyados por la presentación de un estudio de los estudiantes que postulan a las universidades del Director Ejecutivo de GEMINES Marketing Research, Guido Romo. Además, el vice presidente de la Comisión Nacional de Acreditación, Emilio Díaz, dirigió el panel de la tarde sobre calidad e instituciones certificadoras.

“Existe mucha experiencia de intercambio en el ámbito académico y de extensión pero recién se inician intercambios en términos de la gestión administrativa de las universidades, y encuentros de este tipo, permiten generar las confianzas necesarias no sólo para el intercambio de experiencias sino que también para la ejecución de proyectos en conjunto”, concluyó el decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Luis Gajardo.

Publicado el 13/09/2008 en Universia

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