En clase con Javier Elorriaga
La expectación de todos nosotros ante la clase de Gabriel Elorriaga era notable. Con la que está cayendo en el senado y aledaños del Partido Popular, tener tan cerca a quien fuera uno de los hombres del círculo cercano a Aznar durante sus años en La Moncloa era una oportunidad única. Con la que está cayendo, me refiero, en lo que toca a este máster, a los problemas de comunicación detectados en el PP, sin entrar –o entrando- en que esas fallas sean síntomas claros de problemas de mayor calado político. Lo que es evidente es que Génova no pasa por su mejor momento, y eso se nota en la falta de una estrategia comunicativa eficaz para atender a los varios frentes abiertos y en las dificultades del líder de la oposición para mejorar su imagen pública en un momento de claro desgaste del gobierno socialista, personificado en Rodríguez Zapatero.
Durante su clase del viernes 23 de octubre, Elorriaga expuso las líneas generales de la estrategia comunicativa del PP, tanto en tiempos de paz (gobierno) como de guerra (campañas). Nos habló de la estructura organizativa del partido, de la unidad del mensaje que tratan de preservar a toda costa, de sus eslóganes, de la tarea de las portavoces, de los mítines y debates televisivos, de su pelea por ganar espacios de centro y conquistar a los votantes indecisos… Todo ello interesante, desde luego.
Pero lo más suculento fue poder aterrizar la parte teórica, bajar a tierra y preguntarle por casos concretos, por las dificultades por las que atraviesa el PP –desde el punto de vista de la comunicación- y conocer de primera mano cómo se tomaron algunas decisiones y actuaciones polémicas (como el boicot al grupo Prisa por parte del PP, la crisis del 11-M, el escándalo de la trama Gürtel o los seis meses que Mariano Rajoy ha estado sin dar una rueda de prensa). Conocer también la situación actual del partido con sede en la calle Génova. Aunque a más de uno le hubiera gustado que hubiera sido más explícito, no debemos olvidar que sigue siendo un político que sabe dominar los medios. Y lo que es más importante, el mensaje.
* Gabriel Elorriaga, en la actualidad diputado nacional y portavoz en la comisión de Ciencia y Tecnología, participó activamente en las campañas y gobiernos de José María Aznar. Su último cargo de relevancia fue como secretario de comunicación del PP (2004-2008).
* Redactado por Óscar Santamaría, alumno del máster
Sin Sorpresas
Las noches electorales se caracterizan por una tensión parecida al desenlace de la última jornada de la liga de futbol. En ésta se espera un ganador, y varios perdedores. También, que en el último minuto salte la sorpresa, y que lo vaticinado en este caso por las encuestas, no se cumpla. Pues anoche ni lo uno ni lo otro. Las encuestas acertaron (excepto la del CIS, que ya empieza a ser habitual su falta de tino); los ganadores no lo fueron tanto como esperaban, y los perdedores desviaron la mirada hacia la crisis, esa que no existía y que ahora sirve de excusa para todo. Es más, en una derrota sin precedentes del socialismo europeo, Pajín convirtió la del socialismo español en el último reducto espiritual de Europa. Pero, ¿qué hemos aprendido de estas elecciones, y en concreto de este resultado?
1.- Lo que no nos dicen los políticos, pero que es fácil de intuir. Los ciudadanos, tanto españoles como europeos, estamos hartos de nuestra clase política. El espectáculo de la campaña española y de otras campañas en los países de la Unión, nos ha mostrado el verdadero rostro de una clase dirigente incapaz, falta de ideas, sin capacidad de proyectar y convencer sobre una visión no ya de Europa, sino de cada uno de los proyectos de país. Descalificadores, mentirosos, demagogos, e incapaces incluso de reconocer lo más palpable. La enorme abstención es despachada en un par de segundos. La vicepresidenta primera, en una rueda de prensa mal preparada, en la que se olvido incluso de citar el escaño obtenido por la coalición Europa de los Pueblos, se congratuló de la participación en España, en la media de la Unión, y “algo por encima” de la de hace 5 años. Que desvergüenza. Se felicita porque 5 de cada 10 españoles dieran la espalda a este absurdo que monta nuestra clase política. Si estas elecciones se rigieran por las reglas del mercado, este espectáculo ya hubiera cerrado por falta de público. Lo más triste es que esta lección apenas durará unos días en la prensa, y luego pasará a mejor vida.
2.- Ni mucho, ni poco. El resultado de estas elecciones ni confirma, ni desmiente. Ni Zapatero llegará el miércoles al Congreso con cara de derrotado, porque no lo ha sido, ni Rajoy se las debe prometer felices para apaciguar a su partido sobre el eje de un liderazgo sólido. No hay votos suficientes, ni para uno ni para otro, porque los que han votado son bases sólidas de ambos partidos, y en unas futuras elecciones generales quien decidirá no son los que ahora votaron, sino ese otro 50 por ciento que decidió darles la espalda, a ambos. En estos próximos años, el PSOE deberá preguntarse si todos los “suyos” que ahora dejó en la abstención son recuperables, y cómo; para el PP, la pregunta es si la transferencia que ha recibido desde el PSOE es toda la que puede esperar recibir, o solo es cuestión de tiempo, y de esperar los errores del Gobierno, para poder seguir recibiendo transferencias en unas próximas elecciones generales. Sobre ambos ejes se establecerán las agendas estratégicas de uno y otro partido. Y también sus tácticas, que es lo peor, porque son las que sufriremos los ciudadanos con nuestra eterna paciencia.
3.- Un voto estable. El 27 de mayo sobre la base de los datos del CIS del mes de abril, escribí una nota titulada “Una vez error, dos oportunidad“, en la estimaba una diferencia de 3,1 puntos porcentuales a favor del PP. Un estimación muy cercana a los resultados de la noche electoral (3,7). Esto significa que el comportamiento electoral apenas ha sufrido variaciones durante la campaña. Y esto básicamente porque el voto del 7 de junio ha sido un voto “duro”, de los más leales, con procesos de transferencia y captaciones que ya se había producido con anterioridad a la campaña. El 7 de mayo sobre la base de datos de una encuesta nacional, ya se había estimado en la misma página web antes de citada, un desempeño del PP en el mes de abril de 2,2 puntos por encima del PSOE. Es decir, que los procesos de transferencia, por un lado, y de desafección, por otro, ya estaban en marcha. La cuestión, de nuevo, es observar en los próximos meses, si estos procesos se han estabilizado o mantienen su ciclo de inversión de preferencias en el tiempo.
4.- Lecciones para ambos. Aunque no es una cuestión de titular para una comisión ejecutiva de partido, quizá convendría que ambos reflexionaran, aunque fuera en la sección de ruegos y preguntas, sobre dos cuestiones: el crecimiento de UPyD, y el peligro para ambos de que se convierta en el receptor del descontento hacia la clase política tradicional, y las estrategias a medio plazo a partir de los resultados. El PP se equivocará si con estos datos comienza el miércoles a pedir la cabeza de Zapatero y un adelanto de elecciones: los ciudadanos ya han dicho claramente que este no es el camino. Habrá que ver qué capacidad de liderazgo tiende Rajoy para decir “no” a los asesores que le inciten a repetir “váyase, señor zapatero”. Si toma ese camino, se equivocará.
*Publicada en El Imparcial
Dr. Ismael Crespo
Profesor de Ciencia Política
Ex Director de Investigación del CIS
www.ismaelcrespo.com
Entrevista a Gabriel Elorriaga
1. En términos de estrategia de comunicación, ¿cuál cree usted que es el mayor reto de un partido de oposición, como el PP?
En cualquier circunstancia, el mayor reto de un partido de la oposición es ganarse un espacio suficiente en la sociedad: ser reconocido, tener una opinión propia sobre los temas relevantes y ser escuchado por la ciudadanía.
2. Y cuál cree que es el mayor reto, en cuanto a comunicación, de un partido de derecha…
No sé si hay retos específicos para los partidos de derechas; con carácter general, no lo creo. Tal vez, en muchos países, existe una dificultad común para atravesar el filtro de los medios de comunicación, generalmente más proclives hacia posiciones “progresistas”.
3. ¿Cuál es el papel que están desarrollando los think tanks en la estrategia de comunicación de un partido en España?
Ninguno, en lo que yo conozco. Los “think tanks” se orientan más al debate de propuestas programáticas, a la generación de alternativas políticas. Definir una estrategia de comunicación para llevar adelante cada una de ellas es un estadio posterior en el proceso de acción política.
4. ¿Hay alguna estrategia de comunicación que usted recuerde por haber sido especialmente eficaz? ¿Y alguna que recuerde por todo lo contrario?
Resultó inmensamente eficaz la estrategia de comunicación desarrollada por el Partido Socialista a partir del 12 de marzo de 2004, al margen de cualquier otro tipo de consideración. Y fracasó, sin duda alguna, el intento del Gobierno de Zapatero de explicar su nueva política de inmigración (“papeles para todos”) a los españoles.
5. ¿Qué importancia tienen las TICs respecto a los medios tradicionales en materia de comunicación política?
Sin duda ofrecen una nueva realidad cargada de nuevas oportunidades. De un lado, permiten “desintermediar” la comunicación entre las fuerzas políticas o los políticos y los destinatarios potenciales de la información. Las redes sociales, por ejemplo, ofrecen la posibilidad de establecer intercambios directos entre un político y un número de ciudadanos antes inalcanzable por cualquier otro medio. Desde otra perspectiva, Internet ha multiplicado la oferta informativa ofreciendo a los usuarios un medio rápido y barato para contrastar la información política en fuentes diversas. Un último aspecto, claramente destacable, es que ofrecen un canal eficaz para llegar a los más jóvenes, más alejados que otros grupos de los medios tradicionales de información.
6. Usted alguna vez admitió públicamente que la estrategia de campaña del PP era desincentivar a los votantes socialistas. ¿Qué respondería a quienes tildan esta maniobra de antidemocrática?
Nunca dije ni hice tal cosa. Como entonces expliqué públicamente, se trató de una tergiversación evidente de mis puntos de vista. Provocar la abstención del adversario no está en la mano de ningún estratega de comunicación y, en consecuencia, más que antidemocrática es una simple estupidez. Una campaña desde la oposición se dirige a obtener nuevos votos que permitan alcanzar la mayoría y solo pueden llegar de tres fuentes potenciales: nuevos votantes, antiguos abstencionistas y votantes anteriores de otras fuerzas políticas. Administrar los recursos disponibles para incidir más o menos en cada uno de estos grupos es una de las claves estratégicas de cualquier elección.
Como todos pudieron comprobar, la pasada campaña electoral tuvo importantes novedades fruto de la colaboración conjunta entre PP y PSOE, todas ellas orientadas a incrementar la eficacia de nuestras compañas. Me refiero, claro está, a la celebración de debates televisados y al nuevo modelo de publicidad política en las televisiones públicas. Existía una preocupación compartida por la baja participación, fruto del hastío que habían provocado algunos debates y prácticas políticas; el antecedente abstencionista de las elecciones autonómicas de Cataluña estaba muy presente en nuestro ánimo. En consecuencia se trabajó mucho, y de manera eficaz a la vista de los resultados, para favorecer la movilización. Y el PP mejoró sus posiciones, precisamente, donde mayor participación se produjo.
Entrevista realizada por Josué González Hernández, alumno de la presente edición del máster.





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