Consolidación popular

Región de Murcia
Los datos de Barómetro de Primavera evidencian, con claridad, que los ciudadanos de la Región de Murcia comparten con el resto de los españoles su preocupación por la situación de crisis económica que atraviesa el país, y en especial por el desempleo. Pese a ello, es relevante que los ciudadanos de la Región son menos propensos al pesimismo que el conjunto de los españoles, y no sólo no comparten con el conjunto nacional sus valoraciones, en este caso sobre la situación económica de la Región, sino que incluso se muestran más optimistas sobre la evolución de ésta respecto de la percepción que expresa el conjunto de los españoles.
Sin duda este contexto de crisis económica explica el hundimiento de la valoración del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, para los murcianos. Del aprobado que los entrevistados le otorgaban hace un año ha pasado, en la actualidad, a obtener la calificación más baja de todos los líderes considerados. Si bien es cierto que los votantes socialistas todavía lo siguen aprobando, el resto le otorga las calificaciones más bajas de los últimos meses. Del resto de líderes considerados, el presidente regional sigue obteniendo una elevada valoración, incluso superior a la de hace un año. Ésta además es especialmente significativa entre los votantes del PP. También mejora la calificación que el electorado otorga al líder del PSOE en la Región, si bien éste continúa por debajo del aprobado.
Es especialmente interesante relacionar estos datos con la evaluación que se realiza de la acción del Gobierno regional y de la actuación del PSOE como oposición. Pese a la situación de crisis, un elevado porcentaje de entrevistados -incluso entre los votantes socialistas- evalúa de forma positiva la labor del Gobierno autónomo, mientras que la labor de oposición que están realizando los socialistas es considerada de forma negativa por un sustantivo número de entrevistados que incluye, también, a votantes socialistas. Se dibuja, por tanto, un escenario en el que la valoración de sus respectivos líderes incide en la forma en la que se considera el accionar de sus organizaciones, léase Gobierno regional o principal partido de la oposición. Es factible considerar que en la percepción sobre el PSOE de la Región pesa, y mucho, la evaluación que los murcianos realizan de la situación de crisis económica nacional y el desempeño del presidente del Gobierno en la gestión de la misma, mientras que en la valoración que realizan los murcianos sobre el Gobierno regional influyen, sobre todo, cuestiones del escenario político y económico de Murcia.
Estas valoraciones regionales se traducen en las orientaciones de voto manifestadas para la cita del próximo 7 de junio. En las elecciones europeas celebradas en el año 2004, el PP logró en la Región el 58,9% de los votos y el PSOE el 36%. Los datos que ahora nos proporciona el Barómetro de Primavera evidencian una expectativa de crecimiento de más de dos puntos para el PP y una bajada de siete puntos para el PSOE. Esta es la foto de las actitudes a día de hoy. Queda todavía una larga campaña, que podrá modificar o no las preferencias de los votantes hasta la cita electoral, pero los datos de primavera no dejan lugar a dudas: la consolidación de las tendencias electorales en Murcia, con un PP que mantiene estable a su electorado, y consigue transferencias de voto desde el PSOE, mientras que éste pierde de forma progresiva una parte significativa de su base electoral.
* ISMAEL CRESPO, J. J. GARCÍA ESCRIBANO Y ANTONIA MARTÍNEZ
Publicado en www.laverdad.es
Estimaciones
El pasado jueves 7 de mayo, el CIS publicó sus datos de estimación de voto correspondientes al mes de abril. Hubo sorpresa en sus predicciones, una vez que en un contexto político y económico que el propio CIS valora como de los peores en sus series históricas, el partido en el Gobierno no sólo aventaja a la oposición, sino que incluso obtiene un mejor resultado que tres meses atrás, cuando la situación no era percibida tan preocupante por el conjunto de los españoles. Se manifiesta, por tanto, una escasa sintonía entre las valoraciones de la situación y la intención de voto que manifiestan los españoles. O no.
Lo primero que llama la atención al revisar con mayor detalle los datos que proporciona la encuesta, es el enorme sesgo que se manifiesta en el recuerdo de voto. Así, un 47% de los que dicen haber votado en las elecciones generales de 2008, expresan que votaron al PSOE, mientras que sólo el 27% manifiesta que votó al PP. Esto supone que en la encuesta hay una sobrerrepresentación de votantes del PSOE de 2008, y a su vez, una infrarrepresentación de votantes del PP en esa ocasión. De ahí, que lo primero que hay que hacer es poner las cosas en su lugar, reequilibrar los datos para reproducir una estructura similar a la acontecida en marzo de 2008.
Lo segundo que llama la atención, es que en las tablas de transferencia, tanto sobre la intención directa de voto como, en menor medida, en la de intención + simpatía, el PP tiene un mejor rendimiento en cuanto a mayores captaciones de voto ajeno a su voto de 2008, y también unas menores transferencias que su rival político. ¿Como es posible, entonces, que la estimación publicada sea tan favorable al Partido Socialista?
Aplicando los modelos de estimación que tradicionalmente aplica el CIS, y que ha aplicado tanto con gobiernos socialistas como con populares, se encuentra la solución al dilema planteado: el CIS ha aplicado un modelo que contempla un escenario de alta participación electoral, cercana al 78%. Y que, por tanto, recupera para el voto PSOE una enorme masa de votantes que en principio son, hoy en día, claramente inclinados a la abstención. Resulta curioso este modelo, pues aunque válido y legítimo, como cualquier otro, es más propio de elecciones de cambio o crisis, y no parece apropiada su aplicación en estimaciones sobre sucesos que aún quedan lejanos en el marco temporal, y que por tanto el escenario es aún incierto en cuanto a las tasas de movilización.
Parece más razonable y en el marco de la cercanía a las elecciones europeas, aplicar modelos más prudentes, que estimen participaciones en elecciones generales cercanas al 72%, teniendo en cuenta que los estimadores de voto nos muestran un cierto desencanto y apatía política en importantes masas del electorado, no sólo socialista, sino también popular. Y, en este sentido, sería más prudente contemplar en este escenario una mayor tasa de desmovilización electoral.
Por último, utilizando los modelos de estimación habituales del CIS, se presentan los tres escenarios. El publicado por el CIS, con una tasa alta de participación, y los elaborados sobre los datos aplicados los modelos de estimación del propio Centro, para ambos escenarios: alta y baja participación electoral. Como se puede apreciar, el modelo del CIS siempre sobrerrepresenta la estimación para el PSOE, sobre el PP, y en especial infrarrepresenta las estimaciones para CiU, el PNV y UPyD, sea cual fuere el modelo que se utilice.
En todo caso, y volviendo al tema inicial, y sobre la base de los indicadores proporcionados por la encuesta, parece más probable que la intención de voto hoy en día se esté moviendo para el PSOE entre el 39 y el 40 por ciento, y para el PP entre el 40 y el 41 por ciento, lo cual manifiesta que el PSOE está sobreestimado en las predicciones del CIS entre 1 y 2 puntos.
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DATOS CIS |
MODELO ALTA PARTICIPACIÓN |
DIFERENCIAS |
MODELO BAJA PARTICIPACIÓN |
DIFERENCIAS |
|
|
PSOE |
40,8 |
40 |
0,8 |
38,7 |
2,1 |
|
PP |
40 |
39,7 |
0,3 |
40,9 |
(-) 0,9 |
|
IU-ICV |
4,5 |
4,4 |
0,1 |
4,2 |
0,3 |
|
CIU |
3,4 |
3,7 |
(-) 0,3 |
3,9 |
(-) 0,5 |
|
PNV |
1 |
1,5 |
(-) 0,5 |
1,5 |
(-) 0,5 |
|
UPD |
2,9 |
3,7 |
(-) 0,8 |
4,1 |
(-) 1,2 |
|
ERC |
1,5 |
1,5 |
0 |
1,4 |
0,1 |
|
BNG |
0,6 |
0,5 |
0,1 |
0,6 |
0 |
|
OTROS PARTIDOS |
3,8 |
3,5 |
0,3 |
3,2 |
0,6 |
|
VOTO EN BLANCO |
1,5 |
1,5 |
0 |
1,5 |
0 |
|
100 |
100 |
|
100 |
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Ismael Crespo
Doctor en Ciencias Políticas y Sociología (UCM), profesor Titular de Ciencia Política en la Universidad de Murcia y director del Departamento de Comunicación Política e Institucional del IUIOG
Percepciones divergentes
Ismael Crespo
Doctor en Ciencias Políticas y Sociología (UCM), profesor Titular de Ciencia Política en la Universidad de Murcia y director del Departamento de Comunicación Política e Institucional del IUIOG
Cuando se gobierna una comunidad pequeña, los gobernados no sólo esperan que su líder actúe en pro del bien común, del interés general de la comunidad, sino que también se preocupe de los problemas cotidianos -domésticos- de cada uno de los gobernados. El líder, pues, se debe comprometer con una política general, pero también con pequeñas políticas casi individuales. En ese gobierno de lo cotidiano, el líder intentará tomar decisiones que mejoren la vida de uno o varios de sus conciudadanos, sin afectar las políticas de interés general, incluso pudiendo beneficiar en un futuro esas políticas “minoritarias” al conjunto de los gobernados. En el peor de los casos, tratará que sus decisiones domésticas en pos de beneficios e intereses legítimos, justos, pero individuales, resulten neutras o no perjudiciales a los intereses de la mayoría. El problema surgirá cuando el líder adopte una decisión que -aún siendo justa- beneficie a un solo individuo o a un conjunto pequeño de gobernados, y ésta acabe afectando negativamente al conjunto de los gobernados, o creando derechos particulares para algunos en perjuicio de otros muchos. Ahí se produce una brecha, a veces insalvable, entre las decisiones del líder y la opinión e intereses -también justos y legítimos- del conjunto de los gobernados.
En las democracias de masas, donde las comunidades pequeñas han sido sustituidas por Estados, a veces incluso por entidades de carácter supranacional, el líder se guía no sólo por el conocimiento que tiene de la realidad para tomar y ejecutar sus decisiones, sino también por una percepción del pensamiento de la mayoría, expresada mediante las encuestas, o en el día a día por los medios de comunicación que parecen hoy exponentes del invento denominado “mayoría social”. Si el líder toma decisiones que esa mayoría considera desacertadas, pagará caro sus consecuencias en el ágora moderna: las elecciones.
Entonces, un líder, sea en una pequeña comunidad o en una democracia de masas, se encuentra con la espada de Damocles entre lo que él piensa que puede ser una política justa, aunque sólo beneficie a un pequeño colectivo, e incluso perjudique el interés de grupos más numerosos, y esa opinión vaga, difusa e inconcreta denominada mayoría social. Para algunos de los que estén leyendo esta columna, la resolución al problema es clara: en una democracia se ha de gobernar y tomar decisiones a favor de la mayoría; para otros lectores, el factor de relevancia de la decisión -añadí una decisión justa- es más importante para avalar la misma, aunque ésta no sea compartida por la mayoría, que el carácter de beneficio numérico de la medida. En cualquier caso, el líder deberá asumir, ante las urnas, el costo de esa decisión.
Pero en las democracias de masas hay aún otro escenario posible, en el que ya no intervienen sólo el líder y los gobernados, sino que de manera más importante, quizá por el carácter complejo de ciertas medidas, se alza la voz de los medios, los analistas, la intelectualidad, los grupos de presión, etcétera. Es el escenario donde el líder toma una decisión para beneficio de una minoría, pero ampara la misma en pos del bien del interés general. Una decisión que a priori se beneficia del aval de la “mayoría social” -representada por los medios- y que aún afectando intereses legítimos de la “mayoría natural” de los ciudadanos, se percibe por éstos como una política sin costes indirectos para la gran mayoría de ellos. ¿Qué ha cambiado de un escenario a otro? ¿Qué hace que una decisión a favor de una minoría sea criticada o no por la mayoría, cuando ésta es una decisión, que justa o no, beneficia sólo a unos pocos? ¿Qué hace que una inversión de 700 mil millones de dólares del tesoro público, que significan 2000 dólares per cápita menos en educación pública, sanidad pública, infraestructuras públicas, etcétera, acabe siendo vista como beneficiosa para la mayoría de los ciudadanos? ¿Qué hace que una inversión en suelo privado, aún con el espejismo de redituar en vivienda social, sea bien vista por la mayoría de los ciudadanos, los mismos que verán disminuidas sus expectativas de mejora de la educación y la sanidad pública por una merma de los recursos que ellos depositaron en la Hacienda Pública?
Quizá la solución no se encuentre en el carácter de las decisiones y el número de los afectados por las mismas, sino en las percepciones tan divergentes sobre qué constituye una mayoría y una minoría en una democracia de masas. Así, decisiones en pos de intereses particulares y concretos, se acaban convirtiendo por arte de magia -impresa- en opciones viables para la “mayoría” (cada vez más silenciosa), mientras que políticas que podrían afectar no sólo al bien común, sino a la mejora de vida de cada ciudadano se posterguen en aras, paradójicamente, de la “mayoría social”.
Publicado en El Imparcial
Córdoba-Argentina. Dr. Ismael Crespo, investido Profesor Honoris Causa
Universidad Católica de Córdoba, Córdoba (Argentina)
26 de agosto de 2008
El profesor del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset, Dr. Ismael Crespo, ha recibido la máxima distinción académica que otorga la Universidad Católica de Córdoba, Argentina, al ser investido en el día de hoy Profesor Honoris Causa por el Rector de la citada institución, Excmo. Sr. Rafael Velasco.
Este nombramiento, que distingue el esfuerzo del profesor Crespo a la cooperación académica entre España y Argentina, se suma a otras distinciones que este académico ha recibido en los últimos años por su labor, como el Doctorado Honoris Causa por la Universidad César Vallejo del Perú, la Encomienda con placa de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio por el gobierno español, la distinción de Comendador de la Ordem Nacional do Cruzeiro do Sul, por Decreto del Presidente de Brasil, Dr. Fernando H. Cardoso, o el nombramiento de Profesor Visitante de la Universidad de Lima, Perú.
Ante un auditorio con más de 300 personas, el profesor Crespo -en su discurso de aceptación- reflexionó sobre el papel de los intelectuales en la política, e hizo un llamamiento a la generación del pensamiento crítico entre los alumnos y profesores, para que asuman un papel más activo ante los problemas de la sociedad y un compromiso con la acción política.




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